Hongos contra hongos

Productos naturales fúngicos

Desde la antigüedad los hongos son utilizados con fines terapéuticos. La penicilina es el más conocido y el principal derivado fúngico de uso antibiótico. La investigadora Gabriela Cabrera y su equipo buscan metabolitos de hongos que tengan algún tipo de actividad biólogica, particularmente, aquellos que atacan fitopatógenos en cultivos.
A conciencia o por intuición, el hecho es que hay hongos que se vienen utilizando como antibacterianos desde hace muchos años. Se sabe que en la antigua Grecia, India, China y en varios pueblos originarios de América se utilizaban alimentos enmohecidos o barro con hongos en las heridas. Entre ellos, la penicilina es sin dudas el más conocido y el principal derivado fúngico de uso antibiótico. Pero la función bactericida no es la única que los hongos pueden cumplir como agentes bioactivos.
Investigadores dirigidos por la química Gabriela Cabrera buscan metabolitos de hongos que tengan algún tipo de actividad biológica. Los hongos forman parte de muchas drogas farmacéuticas usadas habitualmente. La ciclosporina, por ejemplo, se usa para trasplantes por su función inmunosupresora. Las penicilinas y las cefalosporinas son antibióticos. Incluso existen inhibidores de la biosíntesis de colesterol derivados de hongos (como mevastatina y lovastatina). “Nosotros estuvimos siempre orientados en esa dirección, la búsqueda de metabolitos de hongos que sean bioactivos. Pero la bioactividad que nos resultó particularmente interesante fue la de productos antifúngicos para usar en el agro. Es decir, que reemplacen productos tóxicos pero sirvan para controlar fitopatógenos. En particular, trabajamos contra fitopatógenos de soja”, comenta Cabrera.
 
Los hongos con los que investigan son, en general, cepas provistas por biólogos. En especial trabajan con María Alejandra Rodríguez del Grupo de Microbiología del Suelo dirigido por Alicia Godeas. “En ese grupo se trabaja con hongos endófitos, que son los que crecen en las raíces. Ellos nos proveen de cepas endófitas”, explica Cabrera, quien desde el año pasado sostiene además un acuerdo con la Fundación Bosques Nativos Argentinos para la Biodiversidad para estudiar hongos de la selva misionera, asesorado por su grupo de micólogos (Lic. Emanuel Grassi y el Lic. Gonzalo Romano). “Tratamos de buscar alguna posible utilización de esos hongos con fines clínicos, por eso buscamos también actividad antimicrobiana”, agrega.
 
Otra actividad que interesa a los investigadores es la actividad antifúngica porque, como explica Cabrera, “los hongos, para competir frente a otros hongos, producen sustancias que atacan a sus potenciales competidores por el alimento”. Si bien las investigaciones se han visto reflejadas en una patente, todavía no se llegaron a aplicar comercialmente.
“Con el tiempo, el mismo trabajo hizo que se hiciera necesario desarrollar métodos de análisis y, como una de las técnicas que se utiliza es la espectrometría de masa, empezamos a trabajar en el desarrollo de metodologías de análisis de metabolitos por espectrometría de masa. Ahora las dos líneas se trabajan por igual en el laboratorio”, resume Cabrera.
 
En la actualidad, se está tratando de que con un pequeño extracto del hongo se obtenga la mayor información posible. “La idea es poder decir, en una etapa muy temprana, qué cosas produce cada hongo”, explica la investigadora.
 
En la facultad hay un espectrómetro de masa cuadrupolo tiempo de vuelo que permite medir masas con alta precisión. Está a cargo de UMYMFOR (Unidad de Microanálisis y Métodos Físicos Aplicados a la Química Orgánica) y Cabrera es la responsable del equipo. “En nuestro último trabajo pasamos un extracto de una cepa de un hongo, un Fusarium. Hicimos el análisis metabolómico, identificamos buena parte de los componentes, y también identificamos compuestos nuevos que, además, son de una familia de péptidos cíclicos que tienen mucha actividad antitumoral. O sea que es muy valiosa la posibilidad de acceder a esta información y de manera rápida”, afirma.
 
El espectrómetro de masa mide con alta precisión el peso molecular de los compuestos, lo que permite conocer su fórmula molecular. “Esto solo ya es una información muy valiosa. Pero nosotros, además, podemos fragmentar el ion que nos da la información del peso molecular y, al estudiar los fragmentos, tener información estructural. Entonces tenemos, por un lado, la fórmula molecular, y por otro lado, información de la estructura. En un experimento podemos sacar muchísima información de los compuestos que tenemos y, de hecho, se pueden sacar compuestos de estructura novedosa ya directamente, sin haberlos aislado”, comenta Cabrera.
 
Este equipo brinda servicios a las industrias, a cualquier organismo del Estado que lo requiera y a otros investigadores de la Facultad. Cabrera recuerda varios de sus usos. “Por ejemplo, si alguna industria está haciendo la síntesis de un producto y quieren conocer productos secundarios o contaminantes, este es un método muy rápido y fácil para hacerlo y determinar, además, qué tipo de productos son. También han enviado de SEDRONAR muestras de estupefacientes para analizar, para ver qué composición tenían y comprobar que no estaba la droga pura sino que contenía otras sustancias agregadas.
 
Incluso, hace poco se analizó un té natural de origen chino, que decía tener propiedades afrodisíacas y efectivamente las tenía pero era porque tenía agregado un derivado de Viagra. Obviamente la planta no producía eso porque era un producto totalmente sintético”, recuerda Cabrera con una sonrisa.

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