“Creamos un nuevo enlace entre el Bosque y la Ciencia”

En el Centro de Investigación Antonia Ramos (CIAR) los científicos estudian la Biodiversidad accediendo a puntos estratégicos de la selva nativa. Aportamos así las herramientas SIG (Sistemas de Información Geográfica) para la planificación de las investigaciones científicas, georeferenciando los senderos y picadas, y estableciendo diferentes grados de dificultad para que los investigadores puedan evaluar cuáles son las mejores áreas para su investigación y preveer los requerimientos y capacitaciones necesarias para llevarlas a cabo. 

Puente

Hasta el momento se han trackeado 13 km de senderos, que representan aproximadamente entre 4 a 5 horas de caminata. 

El ultimo sendero es una picada que llamamos “casita de piedra” y es de alta dificultad. Su recorrido es de 1100 metros en pendiente, en algunas partes con ángulos superiores a los 40 º. La picada comienza a 50 metros del laboratorio del CIAR. En el inicio pueden encontrarse frutales nativos como Guabiroba, Cerella, Pitanga y Cocú, así como también Yerba Mate. Pasando un bosque de Tacuaruzú, se llega a una zona rocosa donde la picada se limita a un pequeño y corto túnel de piedra el cual solo se puede atravesar agazapado, que da lugar a una formación rocosa “tipo balcón” conocida por la gente del lugar como casita de piedra. La casita de piedra es visitada normalmente por diversos mamíferos, como monos caí, zorros, cutías, manadas de coatíes que superan los 30 ejemplares y murciélagos. 

Casita de Piedra

Ascendiendo unos metros más, se alcanza la mitad de altura del cerro y se llega al “mirador”, donde se puede admirar entre grandes árboles una vista panorámica del CIAR. Este punto representa uno de los mejores miradores del predio. Pasando este punto, la picada bordea una suerte de acantilado y se reduce por un corto tramo a piedras inclinadas que solo se pueden pasar trepando, transformando el sendero en una caminata de alta dificultad. Desde aquí, descendemos hasta la base del acantilado, que tiene más de 30 metros de altura y está cubierto de vegetación. 

Es interesante mencionar que hay una cascada “seca” en medio del paredón, que solo se carga de agua con grandes lluvias. En este tramo se puede apreciar un área conservada con importantes ejemplares de Anchico Colorado, Espina Corona, Canela Negra, Rabo, Sombra de Toro, Guayubira, Lapacho Amarillo, Ceibo de Monte, Tarumá, Laurel Guaicá, Zoita o Sota Caballo, Ombú, Marmelero e Incienso, entre otros. Son comunes algunas especies ornamentales nativas como el Niño Azote, Guembé, orquídeas y las lianas (sipó), las últimas 4 epifitas o trepadoras.  

Sipo

El último tramo del acantilado está marcado por un gran Sipó Escalera de Mono de 40 cm de ancho, trepado a un Alecrín, que se caracteriza por tener costillas o pliegues en su base. Llegando al camino principal del CIAR, el sotobosque es dominado por grandes helechos entre los que surgen las tacuaras, y se puede apreciar un Higuerón que ha envuelto prácticamente en su totalidad a una Espina Corona. Finalmente, llegamos al Arroyo del Medio o Bonito, el cual se puede cruzar por un puente colgante de 70 metros. Este puente esta soportados por dos grandes ejemplares de Guayubira y Zoita, y fue construido con Kiri, una madera exótica, introducida en el área hace décadas. Cruzando el puente se pueden apreciar uno de sus saltos, y si nos internamos en el monte, podemos observar áreas con diferentes grados de conservación donde la Fundación trabaja para recuperar la biodiversidad.

 

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